Goodbye
El que terminó hace unos días fue uno de los años más agotadores, en todos los sentidos, que he tenido. 2006 fue un año de contrastes y altibajos, creo que muchos de los mejores y peores momentos de mi vida están contenidos en esa vuelta de calendario. Al llegar al final del año me sentía completamente exhausto física, emocional e intelectualmente. A decir verdad ni siquiera sé cómo sobreviví al fin de semestre y por primera vez en mi vida me da pánico ver mis calificaciones. En otra época estaría bastante preocupado, pues luego del semestre anterior estoy seguro que pasaré un año más de lo esperado en la facultad, sin embargo eso me tiene sin cuidado. Ahora estoy seguro que pasar por la universidad es poco más que un mero trámite, podría seguir un programa de lecturas similar y aprender lo mismo por mi propia cuenta.
Lo que en realidad importa de la universidad es conocer personas, que no necesariamente son tus amigos (pero que se convierten en todo lo contrario fácilmente), y madurar mientras crees que estás aprendiendo algo especializado con cierta profundidad; sólo por eso sigo estudiando formalmente.
La gran ventaja de ir a la universidad, en especial si uno estudia una carrera “ociosa”, como dicen nuestros flamantes gobernantes, es que te mantiene alejado, al menos por un tiempo, del salvaje mundo del empleo donde tu vida gira alrededor de las jornadas laborales, días de pago, poder adquisitivo, responsabilidades, ascensos, intereses de la empresa... en verdad es una jungla aquello. Sí, el año pasado conocí la vida laboral, y no sólo eso, sino también los maleficios (y beneficio$$$)del artificioso periodismo. En realidad sólo fui traductor de algún periodiquillo resucitado cual Lázaro, pero no me gustaría volver a repetir la experiencia, aún menos como reportero o editor. Aunque no es algo realmente malo si es un trabajo sucio, y como todo trabajo sucio alguien tiene que hacerlo, pero no quiero ser yo. Tal vez suene como una exageración, pero el cansancio extremo me llevó a renunciar; la dignidad y mis convicciones me llevan a no querer regresar.
Así es, ahora soy uno más de esos ceros que llenan las estadísticas del desempleo. Gracias a The Cantos de Ezra Pound, que hacen ver a The Waste Land de T. S. Eliot como un chiste mal contado, me siento orgulloso de formar parte del pelotón de desempleados. Ir de la abundancia a la austeridad es difícil, pero cuando la creatividad y los principios van de por medio hasta da gusto ser “pobre”, así entre comillas, porque para pobres, en serio, los homless.
Durante el año pasado sucedieron muchas otras cosas que quedaron registradas en este blog, en ocasiones de manera algo críptica, me dicen. Al comenzar este año todo parece ir tomando cierto rumbo, pero no volviendo a la normalidad, mas bien se va creando una nueva normalidad. Luego del año pasado he decidido, por muchas razones que algunas cosas en mi vida tienen que terminar para dar lugar a otras nuevas. Es por eso que este blog llega a su final con este escueto, pese a lo largo, post. Pronto en esta misma dirección habrá un nuevo blog que tendrá un enfoque distinto, sin la canción de The Killers cada vez que entran.
Gracias a todos los lectores (si, ustedes 3, incluyendo a mi heterónimo) y hasta pronto.
Flokkar: journal




